Cuando pensamos en las dificultades entre hermanos, generalmente las relacionamos a la niñez pero lo cierto es que los problemas pueden aparecer en la vida adulta de estos.
La idea de hermanos unidos y felices es parte de una idealización de lo que es una familia, pues los hermanos adultos pueden tener serios conflictos que o bien devienen en una solución o los hace quedarse atrapados en ellos.
Las razones para las rivalidades pueden ser muchas y pueden venir desde la infancia, lo cierto es que en muchas familias los conflictos entre hermanos crean un ambiente familiar lamentable y distante entre todos.
Estos conflictos suelen presentarse cuando al interior de las familias hay preferencias o cuando hay una desigual distribución de responsabilidades. Esto hace que el sentimiento de injusticia y falta de amor prevalezca y se perpetúe en las relaciones.
Por lo general, existen hermanos que tienen problemas entre ellos por la lucha del amor de sus padres, por el dinero de los mismos, o por usufructuar sus bienes. También existen verdaderas relaciones disfuncionales de hermanos que no se hablan y viven en un perpetuo desamor.
Las heridas de la infancia pueden abrirse y los hermanos adultos muchas veces experimentan una regresión emocional y adoptan papeles de la niñez hasta llegar a competir por la atención del padre. En ocasiones llegan a tomar apuntes sobre cuántos quehaceres han hecho cada uno.
Con o sin intención muchos padres pueden contribuir a esta regresión cuando están en una dinámica familiar en la que favorecen a un hijo por encima del otro, enfocando su atención y afecto en el hijo que en realidad es el menos involucrado de todos o en ése que es “problema”. Este hijo muchas veces es quien finalmente capta la atención de los padres pues se da por sentado que los otros vástagos lo tienen todo.

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